-Que risa tan mágica- dije a mis adentros, mientras miraba a los pequeños niños jugando en el parque envueltos en sus juegos infantiles llenos de inocencia y fantasía.
Cuanta de esa magia permeaba por doquier, y cuanta el viento arrastraba para perecer en los recóndito glaciares del olvido.
A cierta edad, el razonamiento y la inteligencia adquirida a través de la experiencia, nos hace ver los caminos más cortos, los mas holgados y espaciosos, los estrechos y sinuosos de la vida que ya hemos recorrido, y es cuando volvemos al alma mater de las fantasías y anhelos, imaginamos, soñamos y volvemos a desear, pero esta vez no soñamos con lo futuro, con las metas y los propósitos, sino retrocedemos en el tiempo, caminamos hacia atrás para repasar los improperios de la vida, los errores, las andanzas turbias y sinsabores que la misma experiencia nos dio como potaje del conocimientos hundiéndonos en burbujas de "hubieras" y "quizás", atormentándonos vamos caminando por la vida como quimeras de cuerpo torcido, donde el rostro en la espalda visualiza el camino andado y los pies caminan hacia el abismo de la muerte sin percatarnos de la caída. Fisionomía de un ser adulto.
Una resolución, aunque cruel y sin temor a ser fantasiosa, es que el camino es como ha sido siempre y como siempre será, no hay mas que hacer, aunque muchas de estas quimeras ya mencionadas, se empeñan en seguir con los vicios de inculcar a su propia estirpe la culpa y el temor a cometer los errores cometidos en el pasado de su haber, errores que son los verdaderos maestros de la vida, errores de los que se aprende a vivir.
Cuantas veces se han puesto a razonar sobre sus tropiezos, esos errores y cajeteadas que tanta sabiduría les han dejado, tantas y tantas experiencias desagradables que han formado el carácter, la personalidad y la sabiduría que hoy posees.
Un grito estridente y bulliciosas lamentaciones me sacaron abruptamente de mi ensoñación y reflexión personal en la que me encontraba. Giré la vista hacia el bullicio, y mi mirada encontró a esos pequeños de sonrisas mágicas y fantasía anhelantes ahora tornados en llantos y lamentaciones dolorosas, pues uno de ellos arrojo una roca hacia el cielo y como parte de una experimentación de principiante se detuvo a observar el actuar de dicha roca voladora. Un error sin duda que le dejará la experiencia y el saber de que una piedra arrojada al cielo, siempre volverá al lugar de donde fue despedida, con la misma fuerza y la misma intención gracias a la fuerza de gravedad.
- Hey chico, ahora sabes que hay que tener cuidado con esas rocas, siempre le dan a uno en la cabeza cuando no se huye de ellas- le dije con una amplia sonrisa mientras encendía mi cigarrillo y caminaba en dirección a ese lugar que desde hace buen tiempo frecuentaba justo a las 6:30 de la tarde.

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